Eran las 7 de la mañana, estaba amaneciendo, el sol como cada mañana iba ganándole terreno al cielo oscuro. Los primeros rayos de luz se colaban a través de los cristales, iluminando las habitaciones. Felicia, ya estaba de pie desde hace unos minutos, había entrado en la cocina para prepararse su café matutino. Este reposaba ya en su vaso de color verdoso translúcido. Cada día el mismo ritual, para enfriarlo un poco de leche de la nevera y para endulzarlo un sobre de azúcar.

Con el en la mano se acercó a la ventana, desde allí podía observar quedamente y en silencio, como el pueblo se había puesto ya en marcha. Era su momento favorito, para ella el tiempo se detenía en ese mismo instante. Sentada en su vieja mecedora de mimbre podía observar como sus vecinos iban a sus quehaceres. Los agricultores ya iban con sus tractores hacía sus campos para poder trabajarlos en una larga jornada bajo el sol, solo con breves descansos, momentos en alguna sombra que les donará algún árbol. Los ganaderos ya iban en busca de cuidar a sus animales. Delante de su casa había una casa en construcción, estaban haciendo una pequeña reforma en su interior y fachada. Los obreros entre risas iban bajando de su furgoneta, alguno había llegado antes y ya se escuchaba una radio con música con las canciones mainstream que suenan en todas las emisoras.
Pero ella no tenía prisa, para ella se había parado el reloj. Ausente en su café podía observar como ese mundo de fuera no paraba, siempre en marcha, siempre funcionando a gran velocidad. Jamás iba a detenerse, pero no le importaba.


Un fuerte pitido del panadero en su reparto es lo que le hizo volver a ese mundo. Debía salir a comprar, hoy necesitaría 3 barras, pues tendría visita de su familia a la hora de comer. Su feliz momento de evasión se había acabado, ya empezaba a moverse y funcionar como el resto de gente en este veloz mundo.

Con el en la mano se acercó a la ventana, desde allí podía observar quedamente y en silencio, como el pueblo se había puesto ya en marcha. Era su momento favorito, para ella el tiempo se detenía en ese mismo instante. Sentada en su vieja mecedora de mimbre podía observar como sus vecinos iban a sus quehaceres. Los agricultores ya iban con sus tractores hacía sus campos para poder trabajarlos en una larga jornada bajo el sol, solo con breves descansos, momentos en alguna sombra que les donará algún árbol. Los ganaderos ya iban.

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